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El ambiente en casa
 

Muchas veces el ambiente en casa puede ser un elemento con una doble cara: una que facilita la convivencia y otra que la impide. Es evidente que el objetivo no es encontrar un equilibrio de ambas caras sino un claro predominio de la primera. Esto solo se puede conseguir con un ambiente afectuoso, cálido y acogedor pero sin olvidar que tarde o temprano nuestros hijos van a tener la necesidad de madurar y alcanzar su autonomía. Precisamente es este ambiente favorable el que va a permitir una buena autonomía para nuestros hijos. Es importante que los comportamientos de nuestros hijos sean acogidos, valorados y amados de forma incondicional. ¡Se tienen que encontrar bien en casa! A menudo el trato en un espacio relativamente reducido provoca fricciones que pueden llegar a afectar las relaciones afectuosas con los demás. Todo el mundo sabe que hay momentos en la vida familiar en que se está más propenso a la irritabilidad. Además hay etapas en la evolución natural de los hijos que añaden dificultad a la harmonía de la casa. Una de ellas es la adolescencia donde el hijo descubre la propia identidad y quiere marcar dicha diferencia que lo individualiza en frete del mundo. Y es importante que lo haga puesto que si no lo hiciera ya no sería adolescente. Y la diferencia se marca llevando la contraria y no admitiendo los convencionalismos. En estos momentos de crisis no se debe improvisar la buena entendida entre los miembros de la familia sino que es algo que debe haberse trabajado. Debe haberse creado un estilo de relación que permita suavizar estos momentos de crisis inevitables. Los primeros responsables de este ambiente suavizador deben ser los padres que deben crear dicha confianza. ¿Cómo? 1)   Creando situaciones de diálogo y evitando tabús: en casa se debe poder hablar de todo aún que haya sentimientos e ideas discrepantes. Los tabús vienen de los miedos de romper situaciones de paz ficticia. No debe quedar la sensación de que en casa hay temas de los que no se puede hablar en confianza pues saldrán fuera de casa y quedará un resquemor dentro del hogar. 2)    Dar libertad a los hijos, hacerles tomar decisiones pedirlos responsabilidades: esto no quiere decir que los hijos no requieran de límites y es aquí donde reside la dificultad; ¿Cuál es la máxima libertad que hay que dejar? El grado de decisiones que ellos deben tomar ha de ser proporcional a sus responsabilidades. La libertad supone responsabilidad pues si decido libremente debo responder a mi decisión. Libertad, decisión y responsabilidad son tres conceptos que deben ir unidos de lo contrario llegaríamos a una falacia. 3)    Proponerles alternativa, confiar en ellos: es importante que nuestros hijos tengan alternativas donde escoger pues si no se las damos estamos escogiendo nosotros por ellos. Si les decimos: “o esto o nada” en realidad la opción que tienen es clara: “esto”. Cuando las madres y padres sobreprotegen a los hijos demuestran que no tienen confianza en sus capacidades. No se debe cerrar la puerta a que cometan errores, esto les hace crecer. 4)    Romper esquemas con creatividad, criticarles decisiones relativizarles absolutismos: es importantes que nuestros hijos estén preparados para sobrevivir en una sociedad cambiante. Es importantes fomentar esta capacidad de encontrar soluciones alternativas para situaciones diferentes. Sin embargo, como adultos, debemos hacerles reflexionar sobre el margen satisfactorio de dicha creatividad. 5)    Animarlos en los fracasos, reconocer los aciertos y errores: ante un éxito hace falta alabar-lo con entusiasmo y sinceridad. Ante un error, con la misma sinceridad, es importante ayudar a nuestros hijos a descubrir la causa y poner remedio para un aprendizaje en ocasiones futuras. 6)    Tomar decisiones compartidas y respetar los acuerdos; valorar las opiniones i gustos de los demás: las decisiones con garantías son aquellas en que todos los participantes han tomado parte de lo contrario son la decisiones de los demás. Esto será más fácil cuando los gustos sean afines. Ahora bien, hay que ser tolerante ante las diferencias y vivirlas como elementos enriquecedores. Precisamente ser diferentes es lo que tenemos en común todos los seres vivos del planeta. Hay que enseñar esta tolerancia a nuestros hijos empezando a ser tolerantes con sus gustos siempre que estos no alteren la tranquilidad del hogar, la salud o la seguridad. 7)    Razonar nuestras decisiones renunciando al abuso del autoritarismo: los padres tienen la obligación de velar por sus hijos y eso requiere poden pautas de conducta. Estas pautas deben imponerse pero siempre dejando claro que no son fruto del autoritarismo gratuito. Aunque el hijo no entienda los motivos sí que puede entender que son decisiones razonadas y puede existir una confianza respecto a que los padres quieren lo mejor para los hijos. ¡AYUDEMOS A NUESTROS HIJOS A SER PERSONAS LIBRES!

 Bibliografía consultada: Pujol. E. “Eduquem persones”. Barcelona, 2004.  Ed. Mediterrània.
Laia Chabert es diplomada en magisterio de educación primaria en la Universidad de Barcelona. También es licenciada en psicopedagogía por la Universidat Oberta de Catalunya. Actualmente ejerce de maestra de educación primaria en escuelas públicas.

 

 

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